NOVEDADES

Muestra Florencio Molina Campos

 

El pintor del campo argentino

Sus cuadros podrían ser reconocidos por cualquiera aunque no estuvieran firmados. Su manera de ver al hombre de campo hace de Molina Campos un pintor inconfundible, que se interesó por nuestras raíces, tradición y folclore. En sus obras dejó un testimonio que no se perdió con el paso del tiempo. Florencio fue un hombre simpático y de gran carisma, que se destacaba en las reuniones sociales. Tenía carácter fuerte y le encantaba la música clásica, que escuchaba mientras pintaba.

Florencio Molina Campos nació en Buenos Aires el 21 de agosto de 1891. Pasó su infancia alternando entre la Ciudad de Buenos Aires y los campos de sus abuelos. Allí compartió con los peones sus vivencias y el trabajo de campo, y aprendió a valorarlos y respetarlos. Para entretener a sus nueve hermanos menores montaba teatralizaciones, imitaba a los paisanos, sus maneras, sus tonos de voz, sus actividades y sus vestimentas. Las primeras pinturas que se conservan de temáticas camperas las realizó a los 9 años.

En 1920 se casó con María Hortensia Palacios Avellaneda, y en 1921 nació su única hija Hortensia "Pelusa”. Florencio vivió algún tiempo junto a su hermano en un rancho de adobe, en el Chaco Santiagueño, trabajando el campo familiar, talando el monte. Entonces se profundizó su admiración y respeto por quienes día a día realizan tan arduas tareas.

De regreso en Buenos Aires, sus amigos lo convencieron de que mostrara las pinturas que realizaba como pasatiempo. Así, Molina Campos expuso por primera vez en agosto de 1926, en La Rural de Palermo.

En 1930 firmó contrato para ilustrar los almanaques de Alpargatas. Fue la primera gran campaña publicitaria del país.

Sus pinturas se publicaron entre 1931 y 1936, y desde 1940 hasta 1945. Entraron en cada casa, boliche o negocio del país y ocuparon un lugar preferencial, sin distingo de clase social.

En 1931 Molina Campos realizó su primer viaje a Europa, para exponer en París. Luego viajaría varias veces más, invitado por diferentes gobiernos como representante cultural argentino. Siguió pintando y exponiendo en el país y en el exterior, ganó concursos, editó sus obras en almanaques, libros, postales y rompecabezas, e incluso protagonizó él mismo avisos publicitarios en revistas en las que, como “artista famoso”, promocionaba productos.

Florencio era carismático, irónico, amigable. Durante los años que vivió en Estados Unidos realizó cantidad de exposiciones y fue una suerte de embajador cultural. Datan de esa época cartas y fotos con artistas de reconocimiento internacional como Charles Chaplin, Rita Hayworth o Fred Astaire, a quien enseñó a bailar el malambo. Sin embargo, su situación económica era muy difícil, pues era muy admirado pero sus obras no cotizaban lo suficiente.

Florencio Molina Campos murió en Buenos Aires el 16 de noviembre de 1959, dejándonos para siempre la huella imborrable de sus obras que lo han convertido en el artista plástico más popular de nuestro país.

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